Libertad de expresión, malo cuando se pretende impedir la palabra, escrita, hablada, soñada, las razones que uno esgrime, son su razones y todas tienen el mismo valor, puede que estén o no en lo cierto, pero tienen el mimo valor y como tal han de ser respetadas.
Desde mi punto de vista este país España adolece de libertad en muchos sentidos, sobre todo en lo que se refiere a las opiniones y a las posiciones libres de cada cual dentro de la legalidad. Acabo de llegar de León y al leer la prensa me enteré de un suceso de asalto a la libertad en el Bar “La Marmita” en Alpedrete (Madrid) que dicho de paso es de una familia amiga mía, vamos son mi familia, en términos de cariño, respeto y amor, y que creo que es triste, penoso y asqueroso, por lo que supone: amenazas, violencia, imposición, maltrato y demás actos vandálicos. Me da igual que hayan sido neonazis, que supernazis, fascistas, macarras, comunistas, socialistas, de derechas, de centro, liberales, conservadores, moralistas, patriotas, etarras, guerrilleiros, pijos, punkis, yupis… y así podría estar llenando cientos de páginas que reflejan la variedad humana de ideas o falta de ellas.
Desde tiempos inmemoriales la razón humana se ha visto amenazada por los irrespetuosos, los condenadores, los saqueadores, los enfermos de ira de alma putrefacta, los quemadores de libros, de ideas, de lenguas, de costumbres. Se empezaba quemando libros, se finalizaba quemando seres humanos.
Desconozco el contenido del libro de Willy Toledo, no lo he leído, solamente sé el título “Razones para la Rebeldía”. A este hombre no lo conozco, ni a él ni su libro. Lo que si opino y manifiesto es que tiene derecho a escribir lo que le plazca y a expresarlo libremente en los lugares adecuados y legalmente autorizados, y eso ha de seguir siendo así. Sería un tremendo error que esto no pueda producirse, nos concierne a todos, eso nos garantiza a todos que tenemos la libertad de poder leer y también de evitar hacerlo cuando y cuanto uno estime necesario en su vida.
Un beso grande para Benito Rabal y Marta los propietarios de “La Marmita”








